
A veces una persona puede amar sinceramente al Señor y aun así vivir con una idea confusa de quién es delante de Dios. Tal vez crees en el evangelio, lees la Palabra de Dios, oras, sirves, pero en el fondo todavía cargas pensamientos de culpa, inseguridad o insuficiencia. No siempre lo decimos en voz alta, pero aparece en la forma en que pensamos sobre nosotros mismos.
Por eso es tan importante volver una y otra vez a lo que la Palabra de Dios dice acerca de nuestra identidad en Jesús. No a lo que sentimos un día difícil, no a lo que el pasado intenta recordarnos, sino a lo que Dios ha declarado verdadero para todo el que está en Jesús.
Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo escribe en Epístola a los Romanos 5:1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, no está hablando de una emoción espiritual sino de una realidad espiritual firme. Ser justificada significa que Dios ha pronunciado un veredicto sobre tu vida. No te mira a través de tus fallas sino a través de la justicia de Cristo.
Eso cambia profundamente la forma de caminar cada día. Si Dios ya te ha declarado justa en Cristo, entonces vivir bajo una constante autoacusación no es humildad, es olvidar el evangelio.
Mi identidad en Jesús
Lo mismo sucede cuando recordamos que somos hijas de Dios. En Evangelio de Juan 1:12 leemos que “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. No se trata solo de pertenecer a una religión o de adoptar ciertas prácticas espirituales, se trata de una relación real con el Padre, una relación que fue abierta por medio de Jesucristo.
Y esa verdad cambia la manera en que te acercas a Él. Ya no vienes como alguien que intenta ganar aceptación sino como una hija que ha sido recibida por gracia.
Sin embargo, muchas veces necesitamos detenernos con calma para meditar en estas verdades, dejar que la Palabra de Dios forme nuestra manera de pensar y permitir que el evangelio moldee también nuestras decisiones diarias. No basta con saber estas cosas de forma teórica, necesitamos aprender a llevarlas a la práctica en la vida cotidiana.

Precisamente por eso preparé un devocional de treinta días centrado en la identidad en Jesús.
Es un recurso sencillo pensado para acompañar el tiempo íntimo con la Palabra de Dios, cada día incluye un versículo, una breve reflexión y un espacio para escribir una aplicación concreta, porque una verdad bíblica comienza a transformar la vida cuando pasa del entendimiento al corazón y del corazón a la práctica.
Pero más allá de cualquier recurso, lo más importante es que vuelvas a la Escritura y permitas que Dios mismo te recuerde quién eres en Cristo.
Y cuando esa verdad comienza a gobernar tu manera de pensar, descubres algo hermoso: no tienes que construir una identidad nueva, en Jesús ya has recibido una.
