El compromiso con la lectura de la Palabra de Dios

Hablar de leer la Palabra de Dios es algo común entre creyentes, sobretodo cuando comienza un nuevo año.

Sin embargo, hablar de compromiso ya es otra cosa. Porque leer puede quedarse en un hábito superficial, pero el compromiso implica intención, constancia y una disposición sincera del corazón.

Leer la Biblia no es solo completar capítulos, seguir un plan anual o marcar casillas en una checklist. Es acercarse a la Palabra de Dios con la convicción de que no es un libro cualquiera, sino la voz viva de Dios obrando en nosotros.

Leer la Palabra de Dios con reverencia y convicción

El compromiso comienza cuando entendemos qué tenemos entre las manos. La Palabra de Dios no necesita ser adaptada, suavizada ni complementada para ser eficaz. Ella misma tiene autoridad, verdad y poder para alumbrar el entendimiento y confrontar el corazón.

Cuando abrimos la Biblia con esta conciencia, dejamos de leer por costumbre y empezamos a leer con reverencia. Ya no se trata solo de aprender información bíblica, sino de permitir que Dios nos enseñe, nos corrija y nos forme.

Dependencia del Espíritu Santo

Un compromiso sano con la lectura bíblica reconoce una verdad fundamental: no podemos entender la Palabra de Dios por nuestras propias fuerzas. Podemos leer mucho, subrayar, tomar notas y usar recursos, pero sin la obra del Espíritu Santo, el texto se queda en letra.

Por eso, leer la Palabra de Dios con compromiso implica oración, humildad y dependencia. Es acercarnos con un corazón enseñable, dispuesto no solo a recibir consuelo, sino también corrección.

Leer, estudiar y vivir

Uno de los mayores riesgos es separar la lectura bíblica de la vida diaria. El compromiso con la Palabra de Dios no termina cuando cerramos la Biblia; comienza ahí.

Leer sin obedecer endurece el corazón. Estudiar sin aplicar nos llena de conocimiento, pero no de transformación. La Palabra de Dios fue dada para ser vivida, y solo cuando permitimos que gobierne nuestras decisiones, pensamientos y actitudes, cumple su propósito en nosotros.

Herramientas útiles, pero una sola autoridad

Hoy tenemos acceso a muchos recursos: comentarios, diccionarios, planes de estudio, cursos e internet, pero nada sustituye el discernimiento espiritual.

El compromiso correcto reconoce que ninguna herramienta sustituye ni iguala la autoridad de la Palabra de Dios. Los recursos acompañan el estudio, pero la Biblia sigue siendo el centro, el filtro y la base de todo.

Compromiso que se construye día a día

El compromiso con la lectura de la Palabra de Dios no se demuestra con grandes promesas, sino con decisiones pequeñas y constantes. Volver a la Biblia incluso cuando cuesta. Perseverar cuando no entendemos todo. Permanecer cuando la Palabra confronta y nos llama a cambiar.

Este compromiso no busca perfección, sino fidelidad. No se trata de leer mucho, sino de leer con intención, con respeto y con un corazón dispuesto a ser transformado.

Porque al final, no somos nosotros quienes evaluamos la Palabra de Dios, es la Palabra de Dios la que nos examina, nos forma y nos conduce a la verdad.

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